El estrés en el adulto mayor

04-07-2013. Categorías:
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"Como te ves, me vi, como me veo, te verás" Dicho popular

Los adultos mayores se ven -cada uno con sus respectivas diferencias personales y contextos socio-culturales- confrontados con la declinación de alguna de sus funciones, físicas y/o mentales, situación que a menudo les hace sufrir, además de requerirles una adaptación ante las nuevas condiciones de vida.
 
Adaptación que pueden elegir realizar o no, sea que tomen algunos recursos (físicos y mentales) con los que ya cuenten o generar nuevas estrategias y aprendizajes.
 
Algunos adultos mayores se quedan sumergidos en la perplejidad del paso implacable del tiempo por su cuerpo, cuando no en la gozosa añoranza de aquellas "batallas" de antaño de las que salieron bien librados; algunos otros, en un intento por lidiar con los nuevos déficit que el paso del tiempo les ha impuesto a sus vidas, desean ir adaptándose a las nuevas condiciones por más molestas y cambiantes que sean, dejándose llevar por las contingencias como posibilidades de auto-exploración de sus capacidades: aprendiendo según las dificultades que se les vayan presentando.
 
El estrés en el adulto mayor se produce como una respuesta ante las excesivas demandas del medio, que no consideran su singularidad (necesidades, deseos, anhelos, pérdida de habilidades, etc.).
 
El contexto de este estrés se produce -como el estrés mismo- en una producción socio-cultural que impacta en la familia y en el sujeto de manera particular.
 
La cultura y el marcado van dejando poco a poco fuera al adulto mayor como productor y actor de las realidades culturales compartidas, asignándole un lugar exclusivo de receptor de productos (medicamentos para enfermedades, pero también para condiciones propias de la vida, etc.) que le ofrecen la panacea para todos sus malestares, produciéndose un de las situaciones comunes en la vida del adulto mayor, "la polifarmacia": toman descontroladamente demasiadas medicinas para un sinfín de malestares, que paradójicamente, en muchos casos, producen mayor estrés, pues tales cantidades de fármacos, cuando no les agencian nuevas dificultades (ulceras, hipervigilancia, insomnio, etc.) les hacen creer que deben tomar más medicamentos a fin de alcanzar ese "estado ideal", sin por ello lograrlo.
 
Pasando así de la expectativa ideal a la frustración. Mucho de ello está calibrado desde la mercadotecnia que hace creer al cliente que "todo se resolverá" a la distancia de una pastilla.
 
Cuando lo que sucede en realidad, es que dichos malestares son producto de condiciones específicas que tienen que ver más con la interacción social que el adulto mayor tenga, con la búsqueda de algo que la haga feliz y mantenga interesado, con el movimiento, el estado de salud física, no tanto desde la medicalización de su vida, sino desde los hábitos y pasatiempos que realice.
 
En el ámbito de la atención psicológica al adulto mayor, realizamos por un lado, la valoración específica de la persona que consulta (historia personal, laboral y familiar) sus gustos y disgustos, lo que le gusta hacer ahora, pero también lo que ha dejado de hacer, por ya no interesarle, así como también, valorar las habilidades que más le gusta seguir desarrollando, a fin de poder crear un contexto de posibilidades para la solución del malestar, por ejemplo el estrés, o conflicto (personal, de pareja, familiar, laboral, etc.) que esté presentando en este momento, en un continuo diálogo franco y abierto, en donde él o ella tienen un lugar central para poder revisar su vida.
 
Fuente: El Porvenir.com.mx
Disponible en: http://www.elporvenir.com.mx/notas.asp?nota_id=681599