Tendencia de la discapacidad severa en adultos mayores de Latinoamérica

Los descensos en la mortalidad, que vienen aconteciendo en los países de la región, combinados con los cambios en los patrones de enfermedad, que están afectando a las poblaciones y que continuarán por las próximas décadas, dejarán un incremento significativo en el número de personas con condiciones crónicas severas y/o discapacidades que demandaran cuidados diarios dentro de los cuales, los adultos mayores tendrán el mayor peso.

En el año 2002, la Organización Mundial de la Salud, OMS, utilizando los datos del estudio “The Global Burden of Disease”, realizó proyecciones del número de personas con discapacidades severas para los países de la región. En la visualización interactiva que se presenta a continuación, se puede apreciar la tendencia proyectada para el número de discapacitados severos (discapacidades de nivel 6 y 7) por grupos de edad y decenios, entre el 2000 y 2050.

En el año 2000, en los países de la región, el mayor número de discapacitados severos se concentraba en el grupo de 15-44 años, exceptuando a Uruguay donde ya los adultos mayores agrupaban la mayor cantidad de discapacitados.

A partir de dicho año y hasta el 2050, para todos los países de la región, se estima habrá una tendencia al incremento en el número adultos mayores severamente discapacitados sobrepasando en la mayoría de ellos, a la cifra de jóvenes discapacitados de los grupos 15-44 y 45-59 años.

En los países más rezagados en la transición demográfica como Haití, Honduras, Bolivia, Nicaragua, Paraguay, Guatemala y Guayana Francesa aún cuando se espera que el mayor número de personas con este grado de discapacidad se mantenga concentrado en el grupo 15-44 años hasta el 2050, la cifra de adultos mayores discapacitados mantendrá la tendencia al ascenso. Para el 2050, la cifra de mayores discapacitados severamente puede llegar en algunos países a cuatriplicar o quintuplicar, la cantidad de adultos mayores con este grado de discapacidad que existía en el año 2000. 

La discapacidad es el resultado de limitaciones en el funcionamiento físico y mental y se asocia con el incremento de las necesidades de servicios sociales y de salud además de repercutir en la calidad de vida de quienes la padecen. La elevada carga de enfermedades crónicas y discapacitantes que afecta a la población adulta mayor y dentro de esta, a la de muy avanzada edad, grupo con las prevalencias más altas de discapacidades y  necesidades de cuidados a largo plazo, serán las principales razones por las que se espera un incremento en las demandas de cuidados con el avance del envejecimiento poblacional.

El mayor número de adultos mayores que padecen discapacidades severas y que requiren cuidados diarios, representará una carga importante para la familia y el estado, sumado con la mayor sobrevivencia que, en general, están alcanzando personas con discapacidades asociadas a afecciones congénitas, accidentes graves y enfermedades.

El escenario de los cuidados cambiará profundamente durante las próximas décadas. El descenso en la proporción de niños menores de 15 años y el aumento en la proporción de personas de 60 y más años, a la vez que la población de adultos jóvenes tiende a permanecer estable conduce a nuevos desafíos: se incrementan y se  modifican las demandas de cuidados (las necesidades de cuidados a partir de la niñez  que actualmente continúan siendo importantes se irán reduciendo, en tanto se incrementará la dependencia de la vejez y de personas con necesidades de cuidados por razones de salud), y disminuye  la capacidad de responder ante las nuevas demandas al reducirse la disponibilidad de cuidadores potenciales.

A ello contribuye  la reducción que viene observándose en la familia latinoamericana, lo que implica contar con menos miembros para aportar económicamente y ayudar en el cuidado, además del cambio de roles en la mujer, quién tradicionalmente ha llevado la mayor carga en los cuidados de la familia y cuya  incorporación a la actividad económica y social sigue creciendo, quedando menos tiempo para el cuidado de la familia, sin que la contraparte masculina dedique más horas a estas actividades, condición que las sobrecarga y torna más vulnerables.

A diferencia de lo que se espera para los países de Latinoamérica y el Caribe, estudios en países desarrollados han reportado  una tendencia al declinar de la discapacidad severa entre los adultos mayores. Se plantea que en esto último han influido factores como el diagnóstico temprano, las mejoras en procedimientos médicos, tratamientos farmacológicos de enfermedades reumáticas y cardiovasculares, las cataratas, los reemplazos de cadera y rodilla, además de las mejoras en la educación y nivel de vida de la población.

Sin embargo, aún cuando las proyecciones realizadas para la región en el 2002 se basaron en los cambios esperados en el tamaño y estructura de la población y no en posibles cambios de otros factores que pudieran afectarlas, el proceso de envejecimiento que experimentan los países de Latinoamérica y el Caribe es muy acelerado. A diferencia de los países desarrollados que enriquecieron antes de envejecer, nuestros países están envejeciendo en condiciones de pobreza, grandes desigualdades económicas, sociales y de género, con inequidades en el acceso a servicios como la salud y sociales. La población no solo tiene, en promedio, una expectativa de vida menor que la de los países desarrollados, sino también una menor esperanza de vida saludable, o sea, pasamos más años viviendo con malas condiciones de salud y expuestos a los riesgos que ello implica. Con el creciente peso de las enfermedades crónicas e incapacitantes asociadas al envejecimiento, la elevada prevalencia de factores de riesgo y la presencia de una visión curativa y no preventiva de la atención en salud en la mayoría de los países latinoamericanos y caribeños, es muy probable que las condiciones de salud que presenten las personas que alcancen la tercera edad en esta primera mitad de la presente centuria sean peores y con mayor riesgo de  dependencia  que  quienes viven en países desarrollados.

Prever los futuros recursos financieros y humanos que se requerirán para enfrentar estos cambios, además de la inclusión de los cuidados como prioridad dentro de las agendas públicas, serán aspectos necesarios e imprescindibles para garantizar el desarrollo de cada nación.

 

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