Unos cambios en el cerebro de las personas mayores podría hacerlas más vulnerables a los timos

Los investigadores esperan poder algún día identificar a los que tienen el mayor riesgo antes de que sean víctimas de estafas financieras

Un par de diferencias clave en el cerebro podría ayudar a distinguir cuáles adultos mayores están en riesgo de convertirse en víctimas de estafas financieras, sugiere un nuevo estudio de tamaño reducido.

El estudio, el primero de su tipo, encontró una base biológica (en lugar de unas malas habilidades de toma de decisiones) que subyace a la victimización financiera en los adultos mayores. Esos hallazgos podrían conducir a una forma de predecir cuáles personas mayores son susceptibles a las estafas, dijeron los investigadores.

Esas estafas afectan a alrededor de un 5 por ciento de los adultos mayores de 60 años, advirtió el autor del estudio, Nathan Spreng, director del Laboratorio del Envejecimiento y la Cognición de la Universidad de Cornell.

"Sospechamos que esos son cambios en el cerebro que ocurrieron antes de que [los adultos mayores] fueran victimizados, que los dejaron vulnerables a la victimización... Podría ser algo que surgió a medida que envejecían", planteó Spreng.

"Creemos que se trata más bien de un cambio relacionado con la edad en el cerebro", añadió. "No pensamos que sea necesariamente una diferencia cerebral a lo largo de toda la vida".

Unos 45 millones de estadounidenses tenían a partir de 65 años de edad en 2013, según la Oficina del Censo de EE. UU. La incidencia real de los timos financieros en ese grupo de edad probablemente se subestime. Spreng dijo que muchos adultos mayores no son conscientes de que los engañaron, o no están dispuestos a reportar que han sido victimizados.

Investigaciones anteriores indicaron que los familiares son quienes más comúnmente abusan de forma financiera de los adultos mayores. En el estudio de Spreng, un nieto siguió robando incluso tras ser confrontado por un participante del estudio. En otros ejemplos, una hija pagó 2,000 dólares de la cuenta de un participante del estudio sin permiso, y la novia de un hijo tomó 4,000 dólares prestados y nunca los pagó.

Spreng y su equipo evaluaron a 13 adultos mayores que habían sido robados por familiares o vecinos, o que habían sido víctimas de una estafa en línea o por teléfono. Los investigadores compararon ese grupo con 13 personas con las mismas características que habían sido expuestas a una artimaña de victimización potencial, pero que la reconocieron y evitaron.

Se realizaron 45 pruebas conductuales en ambos grupos para medir aspectos como la memoria, la personalidad, el razonamiento financiero, y la capacidad de prestar atención a la información y evaluarla. Además, se realizaron IRM de los cerebros de los participantes.

La única diferencia conductual que apareció entre los grupos fue más ira y hostilidad en los que habían sido engañados. Pero las imágenes cerebrales fueron más reveladoras: los adultos mayores timados mostraron más encogimiento y menos conectividad en dos áreas clave del cerebro.

Una región del cerebro, conocida como la ínsula anterior, señala cuando ocurre algo significativo. Esa área mostraba una reducción significativa en el grupo de personas mayores victimizadas, lo que sugiere que sus cerebros no señalaban cuando se enfrentaban a una situación riesgosa, según los autores del estudio.

La otra región del cerebro, llamada corteza prefrontal medial, ayuda a interpretar las pistas sociales, por ejemplo las intenciones de los demás. Los adultos mayores víctimas de estafas también mostraron un mayor encogimiento y menos conexiones neurales en esa área, mostraron los hallazgos.

Los investigadores también encontraron que las redes de ambas regiones cerebrales afectadas estaban más conectadas entre sí. Esto sugiere que la combinación de efectos podría dejar a esas personas mayores más vulnerables a los timos.

S. Duke, vocero de la Federación Americana de Investigación sobre el Envejecimiento (American Federation for Aging Research), apuntó que los resultados de este estudio son preliminares debido a que se analizó a pocas personas.

"También podría haber otros motivos por los cuales se podrían ver esas diferencias en las imágenes cerebrales: podría haber diferencias en la salud cardiovascular, la nutrición u otra variable que no se tomó en cuenta, y este estudio no tiene el tamaño suficiente como para abordarlas", dijo Han.

Han y Spreng se mostraron de acuerdo en que estudiar las estafas financieras en las personas mayores es una tarea difícil.

"Los adultos mayores que se convierten en víctimas de los engaños financieros pueden considerar el tema como algo muy vergonzoso, así que es difícil que acepten ser reclutados para este tipo de investigación", comentó Han.

Se necesitan estudios más grandes para confirmar estos hallazgos, y quizá determinar marcadores (tanto biológicos como conductuales) para identificar a las personas que estén en el mayor riesgo de las estafas, dijo Spreng.

"En general, nuestro objetivo es ayudar a identificar a las personas que podrían ser vulnerables y que no lo saben, y ayudar a desarrollar protecciones adicionales para ellas", enfatizó Spreng.

"Las consecuencias son simplemente devastadoras para el bienestar y la calidad de vida de las personas, y en última instancia para su salud cuando pierden los ahorros de toda su vida. Estamos intentando abordar este problema como un problema biológico", dijo Spreng.

El estudio aparece en la edición del 28 de marzo de la revista Journals of Gerontology.

FUENTES: Nathan Spreng, Ph.D., assistant professor, human development, and director, Laboratory of Brain and Cognition, Cornell University, Ithaca, N.Y.; S. Duke Han, Ph.D., spokesperson, American Federation for Aging Research, and associate professor, family medicine, neurology, psychology and gerontology, Keck School of Medicine of University of Southern California, Los Angeles; March 28, 2017, Journals of Gerontology

Disponible en: https://medlineplus.gov/spanish/news/fullstory_164688.html