Envejecimiento poblacional

Más de la tercera parte de las personas del país son ancianas y la ancianidad no aparece sola y si lo hace, pronto llegan de visita sus eternos compañeros: el pariente alemán, el parkinson, reumatismo, isquemia cerebral, hidrocefalia, fracturas de cadera o fémur y otros que los convierten a menudo en pacientes encamados y, por supuesto, dependientes que requieren ser atendidos con esmero, dedicación, paciencia, tolerancia y buena voluntad

El envejecimiento de la población es un fenómeno demográfico mundial. La pirámide de crecimiento, antes ancha en su base y angosta hacia la cúspide, se ha ido modificando; cada vez más angosta en la base a medida que va engrosándose hacia la cúspide. Varias causas han originado el hecho. Las de carácter médico como la vacunación, control prenatal, reducción de la mortalidad infantil, aumento del promedio de vida (75 años) para Panamá; razones socioculturales y políticas, control estricto de natalidad en algunas naciones. Por otro lado, actualmente, las parejas tienen menos hijos.

La situación indicada ha merecido la atención de las Naciones Unidas, que ha celebrado dos asambleas mundiales sobre el envejecimiento para analizarlo, buscar soluciones y formular recomendaciones a los países miembros con el propósito de aplicar soluciones. La primera celebrada en Viena en 1982 y la segunda en Madrid en 2002. Entre las recomendaciones formuladas figuran: fomento de la salud y bienestar en la vejez, creación de entorno inclusivo, propicio y favorable incluyendo generación de empleo para adultos mayores. Exceptuando 120 a los 65, ¿se han atendido las citadas recomendaciones durante los gobiernos de Moscoso (dos últimos años), Torrijos, Martinelli y Varela?

En Panamá, el censo de 1990 muestra una población de 2,329,329 habitantes, de los cuales 176,465, 23%, son mayores de sesenta años. En el 2000, la población fue 2,839,177, y 244,565, 28.4%, mayores de sesenta. En el 2010, 3,405,815 personas, de las cuales 360,812, 34%, son de la tercera edad. Estas cifras indican que más de la tercera parte de las personas del país son ancianas y la ancianidad no aparece sola y si lo hace pronto, llegan de visita sus eternos compañeros: el pariente alemán, el parkinson, reumatismo, isquemia cerebral, hidrocefalia, fracturas de cadera o fémur y otros que los convierten a menudo en pacientes encamados y, por supuesto, dependientes que requieren ser atendidos con esmero, dedicación, paciencia, tolerancia y buena voluntad en instituciones que se ocupan de ello, costosas, con promedio de mil dólares mensuales, fuera del alcance de la mayoría, cuyo ingreso como jubilado es menor, teniendo que permanecer en casa y no siempre hay familiar que pueda ocuparse de su cuidado, teniendo que recurrir a los servicios de una persona con las cualidades requeridas que se ocupe de ello, lo que resulta extremadamente difícil de encontrar a nivel de la ciudad, del interior y nacional. Ese vital servicio lo realizan con marcada dedicación y eficiencia migrantes urbanas y rurales nicaragüenses, venezolanas, hondureñas, dominicanas, colombianas, quienes brindan un valioso apoyo a familias y ancianos panameños que les agradecemos.

Fuente: Panamá América
Disponible en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/envejecimiento-poblacional-1065301