Los cuidados en la vejez: cuidar también a quien nos cuida

Si el Censo de Población y Viviendas del año 2002 nos alertaba que el 14,7 % de la población cubana tenía 60 años y más, el índice de envejecimiento poblacional que muestra hoy el país, el cual ascendió a un 19,8 %, da cuenta de un acelerado proceso en los cambios de la dinámica demográfica del país. Asimismo, las estadísticas confirman que Cuba es uno de los países más envejecidos de América Latina, al tiempo que anuncian será hacia el 2050 una de las naciones que más número de adultos mayores tendrá en el mundo.

«En este escenario, los cuidados a largo plazo son el mayor de los retos que tiene hoy la sociedad cubana en su conjunto, no solo el sector de la salud, si bien la mayor parte de estos recae actualmente en el sistema sanitario. Necesitamos voltear hoy la mirada hacia múltiples escenarios, como la atención primaria de salud, ya que la comunidad es el principal de los espacios para la atención al adulto mayor, pues es allí donde estos pasan la mayor parte del tiempo», subrayó el doctor Alberto Fernández Seco, jefe del Departamento de Adulto Mayor, Asistencia Social y Salud Mental del Ministerio de Salud Pública, en el Coloquio internacional El derecho de las personas mayores en el mundo, que sesiona en el Centro de Convenciones Cojímar, de La Habana, hasta este 6 de abril.

La esperanza de vida al nacer hoy en Cuba es de 78,45 años para ambos sexos, 80 años para las mujeres y 76 años para los hombres; pero la esperanza de vida de toda persona que hoy arriba a las seis décadas es de 22 años más, y de casi nueve años para los que arriban a los 80, explicó el doctor Fernández Seco al referirse al envejecimiento dentro del envejecimiento.

«El 36,6 % de los municipios en Cuba tienen más del 20 % de personas con 60 años y más, siendo Plaza de la Revolución el más envejecido del país, con un índice de 27,5 %. Villa Clara (23,1 %) y La Habana (21,1%) son las provincias con más alto número de adultos mayores, de acuerdo con las últimas estimaciones. Actualmente existen en Cuba 121 adultos mayores por cada 100 niños», sostuvo.

Atender los cuidados de este grupo etario que se incrementa, es por tanto un desafío que implica a cada sector de la sociedad; y en ese sentido llamó la atención sobre aprovechar al máximo la fortaleza que constituye el hecho de que Cuba, en un contexto donde muchos países del mundo están abogando por la convención de derechos del adulto mayor, ya tiene incorporado a las políticas que rigen la actualización del modelo económico y social del país este tema, las cuales expresan objetivamente la necesidad de brindar particular atención al estudio e implementación de estrategias intersectoriales que generen servicios y entornos amigables con los adultos mayores.

«Ello debe ir acompañado de un cambio en la visión sobre el envejecimiento, que históricamente ha colocado al adulto mayor en una posición de desventaja social, casi siempre como una persona dependiente, que no es capaz de tomar iniciativa y formar parte del desarrollo de la sociedad. Vejez no supone discapacidad, se puede envejecer saludablemente», comentó.

Particular énfasis hizo el especialista en promover la socialización y fortalecer la autoestima de nuestros mayores. En ese sentido, significó que el 37 % de los adultos mayores en Cuba está incorporado a los círculos de abuelos, un espacio que va más allá del ejercicio físico, pues promueve justamente la interacción.

Asimismo, mencionó como una de las estrategias fundamentales que hoy se desarrollan, las escuelas de cuidadores, presentes ya en el 88 % de los policlínicos de nuestro país, con el propósito de enseñarle a la familia cómo debe atenderse el adulto mayor, algo para lo cual no se está preparado per se», dijo.

Para la doctora Lilian Rodríguez, subdirectora del Centro de Investigaciones sobre Longevidad, Envejecimiento y Salud (Cited), «cuando se analizan los cuidados es importante valorar que se trata de un amplio espectro que va desde los cuidadores informales –es decir, los que no reciben remuneración, no tienen apoyo externo y la mayoría carece de capacitación sobre cómo afrontar ese cuidado– hasta los profesionales de la salud que están altamente capacitados».

Al respecto, explicó que en los países de menores ingresos como el nuestro, una de las experiencias mejores de buenas prácticas es precisamente el cómo capacitar a estos cuidadores informales, en tanto una de las agendas pendientes es capacitar también a los cuidadores remunerados.

Sobre las llamadas escuelas de cuidadores, la entrevistada refirió que surgen a partir de una experiencia anterior del Cited. «Decidimos apostar en un inicio por los cuidadores de los pacientes dependientes con demencia, y se estableció un programa en el que les enseñábamos conocimientos de la enfermedad, pero sobre todo habilidades, o sea cómo aprender a movilizarlos, enseñarlos a bañar, etc. Nos dimos cuenta de que la dependencia de las personas mayores no es solo por la demencia, sino que ahí entran pacientes con otras morbilidades, por lo cual ampliamos a personas mayores con situación de dependencia».

Así, liderados por el Departamento Nacional del Adulto Mayor y la Unidad de Promoción de Salud y Prevención de Enfermedades, establecimos un programa sicoeducativo, en el cual formamos los facilitadores para que repliquen en las áreas de salud las escuelas de cuidadores, pero con el interés no solo de enseñar conocimientos y habilidades, sino que aprendan también el cómo cuidarse, explicó Rodríguez.

«Se trata de cuidar a quien nos cuida, porque se conoce que el cuidado genera estrés, sobrecarga, muchas veces incluso culpa por lo que podamos hacer mal. Los cuidadores son por lo general mujeres, hijas, nueras, pero ante el envejecimiento dentro del envejecimiento, hoy vemos a muchas personas mayores –con varias patologías incluso– cuidando a otras. ¿Cómo enseñarles que deben cuidarse?», reflexionó la investigadora.

De ahí que luego de analizar los resultados de este proyecto, se comprobó que se redujo la sobrecarga en los cuidadores, estos adquirieron conocimientos y habilidades y de alguna manera han valorizado esta función que hacen. Se elaboró además un manual por un grupo de especialistas en salud, que se da junto con las clases para que sirva de complemento, en lenguaje no profesional.

Pero, lograr que la sociedad tenga una imagen positiva del cuidado es a juicio de la experta también un desafío. Hay que cambiar la imagen y el estatus del cuidador, desacostumbrarnos de solo lo negativo.

Implementar un sistema de cuidados a largo plazo es aún en Cuba, a juicio de la experta, una tarea en desarrollo y pendiente; y ello incluye además engranar los mecanismos desde el punto de vista de los derechos de los cuidadores, que se sientan legalmente protegidos, tengan una remuneración que los estimule, cuenten con horarios flexibles porque estamos viendo que tienen que abandonar el trabajo.

La idiosincrasia del cubano coloca a la familia como la principal fuente de cuidados, pero el Estado debe monitorear y apoyar a esa familia para que pueda cuidar y continuar siendo económicamente activa y aportar a la sociedad. El reto está en encontrar el equilibrio, señaló.

Fuente: Granma

Disponible en: http://www.granma.cu/cuba/2017-04-05/los-cuidados-en-la-vejez-cuidar-tambien-a-quien-nos-cuida-05-04-2017-20-04-31